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A partir de ahora, la Copa Mundial de la FIFA 2026 en América del Norte, Central y el Caribe podrá verse también en las cadenas de televisión terrestres. Con la confirmación de la participación de KBS junto a JTBC, que ya poseía los derechos de transmisión, se ha abierto el camino para que todos los ciudadanos disfruten del Mundial sin quedar excluidos. Aunque es lamentable que, entre las tres cadenas terrestres, MBC y SBS no hayan logrado finalmente participar, la incorporación de la emisora pública KBS permite una evaluación positiva en términos de creación de ambiente y accesibilidad para el Mundial.
Sin embargo, existen puntos incómodos que impiden interpretar este resultado simplemente como la «garantía de la función pública y del derecho universal a la audiencia». La esencia de este incidente no radica en la ampliación del acceso, sino en la estructura de mercado distorsionada y la competencia desmedida que se revelaron durante el proceso.
■ El riesgo excesivo que revelan las cifras
El núcleo de las negociaciones sobre los derechos de transmisión fue el precio. Según la industria, se estima que JTBC adquirió los derechos de transmisión de esta Copa Mundial por un monto de aproximadamente 125 millones de dólares (aproximadamente 186.100 millones de wones según Hanwha). Esta es una apuesta bastante agresiva si se tiene en cuenta el tamaño del mercado nacional y la estructura de ingresos publicitarios. Incluso si se incluyen los costos de producción, hay análisis que sugieren que el monto supera los 200.000 millones de wones.
En un principio, JTBC planeaba distribuir los costos mediante un consorcio con las cadenas terrestres o mediante la reventa. De hecho, vendió parte de los derechos de transmisión a la plataforma en línea Naver, y la industria estima que el volumen de esa venta alcanzó hasta aproximadamente 4 billones de wones. Además, se sabe que se esperaba que las cadenas terrestres asumieran una cuota de alrededor de 70.000 millones de wones.
Sin embargo, en el resultado final, KBS participó de manera limitada con una cuota de aproximadamente 14.000 millones de wones, lo que generó una estructura en la que JTBC debió asumir una parte considerable de los costos. En consecuencia, el riesgo que debe asumir JTBC, aunque dependerá de variables como el rendimiento del equipo nacional, se ha llegado a mencionar que podría implicar pérdidas potenciales de cientos de miles de millones de wones, llegando incluso a 100.000 millones de wones. Esto no es simplemente un fracaso en las negociaciones, sino que demuestra que la propia estructura del mercado fue diseñada desde el principio para generar un riesgo excesivo.

■ La esencia del mercado de derechos de transmisión: no es contenido, sino la fuente principal de ingresos comerciales
En el mercado internacional de deportes, los derechos de transmisión ya no son simplemente un contenido. Son un negocio de derechos a escala global y una fuente principal de ingresos.
Tanto la Federación Internacional de Fútbol (FIFA) como el Comité Olímpico Internacional (COI) tienen en los derechos de transmisión la mayor parte de su estructura de ingresos. Según las cifras más recientes, el COI obtiene aproximadamente el 60% de sus ingresos olímpicos de los derechos de transmisión, mientras que la FIFA, según el ciclo 2023-2026, obtiene alrededor del 40% de sus ingresos de los derechos de transmisión.
Esto significa que estas organizaciones no solo son entidades operativas de los eventos deportivos, sino que, en la práctica, son organizaciones que venden derechos de medios a nivel global. Aunque en apariencia enfatizan el valor deportivo y la función pública, en realidad operan bajo una estructura que vende «contenido escaso» al precio más alto posible. Su carácter como vendedores de derechos comerciales es muy fuerte. Y en este mercado, el precio se determina más por la intensidad de la competencia que por la racionalidad.
El mismo contexto explica por qué Gianni Infantino, tras ser elegido presidente de la FIFA en 2016, decidió ampliar el número de países participantes en la Copa Mundial a 48. Esta no fue una simple política de expansión deportiva, sino una decisión estratégica para aumentar la posibilidad de acceso a mercados gigantes como China e India y así maximizar el valor de los derechos de transmisión. Si China hubiera logrado clasificar para la fase final de esta Copa Mundial, los ingresos por derechos de transmisión de la FIFA habrían aumentado de manera enorme, considerando su tamaño poblacional y su simbolismo. En definitiva, el precio de los derechos de transmisión se determina por tres factores: < el tamaño económico de los países participantes × la audiencia × la intensidad de la competencia por las licitaciones >, y en el momento en que se desata la competencia, el precio se aleja aún más del valor real.
■ ¿Por qué la competencia nacional se convierte en un «juego muy peligroso»?
La lección más importante que deja este incidente es clara. La competencia entre las cadenas de televisión nacionales inevitablemente se convierte en un «juego negativo» y no en un «juego de suma cero».
El precio de los derechos de transmisión se forma en el mercado global, pero la recuperación de costos se realiza en el mercado nacional. En esta estructura, si los operadores nacionales compiten entre sí, los precios aumentan y las pérdidas se quedan en el país. Además, el tamaño actual del mercado de publicidad de las cadenas de televisión en Corea es de poco más de 3 billones de wones, lo que representa una contracción en comparación con los aproximadamente 4 billones de wones de hace diez años. La estructura actual hace que sea difícil recuperar los costos de grandes eventos deportivos solo con los ingresos publicitarios.
La inversión agresiva de JTBC en sí misma puede entenderse como una estrategia de entrada al mercado para un nuevo competidor. Sin embargo, el problema surge después. Se invirtieron costos excesivos para adquirir los derechos de transmisión sin que se hubieran establecido adecuadamente la estructura de negociación y los mecanismos de distribución de riesgos, lo que finalmente resultó en que el riesgo se concentrara en un solo lado. Las cadenas de televisión terrestres también podrían alegar que no tuvieron más remedio que comprar los derechos de transmisión a un precio extremadamente alto por parte de JTBC, pero tampoco están exentas de responsabilidad. La estrategia de «esperar y luego elegir» puede ser racional desde la perspectiva de una empresa individual, pero en el resultado final no contribuyó a la estabilización del mercado ni a la mejora de la estructura.

■ Lo que se necesita no es un «cártel», sino un «orden acordado»
La propuesta de resolver este problema mediante la intervención del gobierno carece de viabilidad. Dado que los derechos de transmisión se encuentran dentro de una estructura de contratos de competencia libre a nivel global, el control de precios a nivel de país es prácticamente imposible.
Sin embargo, tampoco es una solución dejarlo completamente al mercado. Las organizaciones deportivas internacionales como la FIFA y el COI disfrutan e incluso fomentan la competencia por los derechos de transmisión dentro de cada país, ya que así pueden ganar más dinero. Para no caer en esta trampa, las cadenas de televisión nacionales deben crear al menos el siguiente nivel de orden voluntario:
(1) Establecimiento de una guía de precios realista para los derechos de transmisión de eventos deportivos internacionales; (2) Estructura de consulta previa y compartir información antes de las licitaciones; (3) Modelo de compra conjunta o inversión distribuida para evitar que el riesgo se concentre en un solo operador; (4) Estrategia de diversificación de ingresos que incluya la colaboración con plataformas OTT y digitales. Esto no es colusión, sino la mínima «autorregulación industrial» necesaria para evitar el colapso del mercado.
La Copa Mundial es, sin duda, una fiesta para todos los ciudadanos. Sin embargo, si esa fiesta se mantiene sobre el sacrificio financiero excesivo de las cadenas de televisión debido a los altos precios de los derechos de transmisión, no se trata de una estructura saludable. Esta controversia sobre los derechos de transmisión es un evento que, más allá de un simple tema de negociación, ha revelado de manera directa la vulnerabilidad estructural que enfrenta la industria de los medios deportivos en Corea.
Para evitar que se repita la misma controversia en la próxima Copa Mundial, es necesario cambiar la pregunta. Ya no se trata de «quién obtuvo los derechos de transmisión», sino de «cómo podemos crear una estructura de mercado sostenible».
Encontrar esa respuesta es, precisamente, la tarea más importante que dejó este incidente.
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