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Mientras el Departamento de Transporte de Estados Unidos centra sus críticas en el acuerdo de licencia de Ford con la empresa china de baterías CATL, generando una fuerte controversia, se ha planteado que detrás de este incidente habría actuado una meticulosa campaña de cabildeo subterráneo por parte del rival de CrossTown, General Motors (GM), lo que ha atraído la atención de toda la industria. Recientemente, el secretario de Transporte de EE. UU., Sean Duffy, envió una carta abierta al director ejecutivo de Ford expresando su profunda preocupaciónpor el uso de tecnología CATL en las instalaciones de producción de baterías ubicadas en Marshall, Michigan.
Ford respondió inmediatamente a la carta del Departamento de Transporte, calificándola de un enfoque erróneo destinado meramente a adornar titulares. Ford hizo hincapié activamente en que posee el 100 % de las acciones de la planta y emplea a una gran cantidad de trabajadores estadounidenses. Sin embargo, numerosos informes de medios independientes y fuentes del sector señalanque la verdadera mecha de este incidente fue precisamente la campaña de contención gubernamental a largo plazo impulsada por GM. De hecho, desde hace varios años, GM ha estado transmitiendo continuamente advertencias al Congreso y al Ejecutivo sobre cómo el acuerdo de licencia de baterías chinas podría sacudir toda la cadena de suministro automotriz de Estados Unidos.

Al comparar el volumen de fondos de cabildeo federal gastados por ambas empresas, queda claramente confirmado que GM ha invertido una cantidad abrumadoramente mayor que Ford. El hecho de que numerosos argumentos clave contenidos en la carta del secretario de Transporte coincidan exactamente con las afirmaciones que GM presentó anteriormente ante el Congreso estadounidense también da peso a estas sospechas sobre su papel detrás de escena. Se sabe especialmente que GM ha mantenido una línea de comunicación estrecha con figuras clave del Ejecutivo, colaborando directamente en el desarrollo de una aplicación oficial de navegación impulsada por inversores institucionales bajo la órbita del Departamento de Transporte de EE. UU.
Sin embargo, algunos sectores señalan con severidad que GM también ha recurrido a alianzas con empresas chinas o plataformas extranjeras durante su propio proceso de transición hacia la electrificación. Por ello, predomina la evaluación de que el ataque masivo del gobierno estadounidense no es más que un producto de una feroz y despiadada lucha subterránea entre empresas nacionales por dominar completamente el mercado automotriz de América del Norte, trascendiendo la mera regulación en materia de seguridad nacional. Se prevé que las repercusiones de esta invisible disputa de fuerzas entre ambas compañías sobre la política estadounidense de vehículos eléctricos y baterías sean considerables. Este incidente se perfila como un punto de inflexión crucial que no solo definirá el conflicto entre empresas, sino también el rumbo de toda la industria automotriz de Estados Unidos. Miembros del Congreso y responsables del sector están observando con atención cómo chocarán los intereses de ambas compañías en futuras audiencias o en procesos de anuncios de políticas adicionales.
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